Líceo Agrícola Padre Alberto Hurtado


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Dolor a la Esperanza

Comunidad > Pastoral


"Nuestra esperanza está con Dios. Su amor y su misericordia los vemos reflejados en tantas personas que se movilizan por el prójimo, y en las mismas víctimas que mantienen la fuerza y la capacidad de acogerse unos a otros."

Queridos hermanos y hermanas:
Nos ha estado azotando uno de los peores cataclismos que recuerda nuestra historia. Sabemos que Dios no quiere el sufrimiento de su Pueblo. Prefiere sufrir Él, para expresarnos su cercanía y su consuelo. Ya lo hizo en la Cruz, allí, por el amor y el dolor nos abrió las puertas de la Eternidad. Quiero expresarles mi cercanía de pastor y mi gratitud por tantos gestos de bondad, generosidad y heroísmo regalados en estos días duros... Volvemos a dimensionar la fragilidad de nuestra existencia y a valorar lo esencial: la bondad de Dios, la vida, la familia, la fraternidad, el compartir. A través de ustedes y de tantos, nuestra Iglesia, más que nunca, ha mostrado su rostro de madre acogedora y preocupada de sus hijos. Agradezco al Señor por tantas personas que se ponen al servicio de los hermanos afligidos: agentes pastorales, personal consagrado, hombres y mujeres de buena voluntad, jóvenes, voluntariados, autoridades... El dolor ha hecho germinar una fraternidad que estaba adornecida y que será cimiento de tiempos mejores, más humanos, más felices. Mil gracias, porque a pesar de estar también afectados no nos cansamos de ayudar. Redoblemos la oración para que el Señor se pueda seguir manifestando en nuestra fragilidad.


Consuelo, acogida y solidaridad

Quiero pedirles que sigamos demostrando la fe que nos anima y superemos la adversidad que a veces puede paralizar. Que nadie se quede en su casa. Consuelo, acogida y solidaridad, confianza, son muy importantes. "Consuelen, consuelen a mi Pueblo", nos recuerda Isaías, Jesucristo, Buen Pastor de su Pueblo, es nuestro Consuelo y nuestra Esperanza. Todos estamos sufriendo. Todos somos damnificados. La Iglesia es Madre y sufre en cada persona y en cada familia que lo ha perdido todo. Solidarizamos con quienes han perdido a un ser querido, fallecido o desaparecido. Rezamos y les expresamos nuestra cercanía. La Iglesia es el Pueblo de Dios y toda persona es templo vivo de la Presencia de Dios.

Hemos perdido muchas casas familiares y muchas casas de la comunidad: nuestras iglesias. Pero estamos vivos y tenemos fe, corazón, manos e inteligencia para construir. Seremos distintos después de este terremoto, seremos mejores. No ahorremos expresiones de cariño, cercanía y fraternidad entre nosotros. Es muy importante que nos acojamos, escuchemos y nos expresemos cariño y protección unos a otros.

Nuestra esperanza está en Dios. Su amor y su misericordia los vemos reflejados en tantas personas que se movilizan por el prójimo, y en las mismas víctimas que mantienen la fuerza y la capacidad de acogerse unos a otros. Siempre se puede. Necesitamos rezar y solidarizar, dos aspectos esenciales de nuestra fe. Salgamos a la calle, donde Jesucristo y nuestra pueblo está. No dejemos sola a nuestra gente. Mantengamos las celebraciones comunitarias donde se pueda: calles, parques, plazas son también nuestros templos. Es tiempo precioso para desplegar el espíritu misionero que nos mueve.

Quiero invitarlos a seguir colaborando con toda iniciativa solidaria y seamos transparencia de la bondad de Dios. Este terremoto es ocasión para ahondar nuestra conversión personal y pastoral, expresada en servicio y solidaridad.

Les saludo y bendigo en el Señor invocando la protección de la Virgen María, Madre de la Esperanza, sobre cada uno de ustedes y sus comunidades.


Horacio Valenzuela Abarca
Obispo de Talca


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